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Falso Risotto de coliflor con queso

Elaboración: 15 min
Cocción: 35 min
Listo en: 50 min

A quién no le gusta el risotto, pues ya lo puede tomar todo el mundo, porque hoy os dejo la receta del Falso Risotto de coliflor con queso, apto para veganos

 

Ingredientes

  • Una coliflor
  • Queso de tetilla (20 gramos por cada 100 gramos de coliflor)
  • Aceite de coco

Preparación

1

Ponemos el aceite de coco en una sartén a fuego medio y cuando esté caliente salteamos la coliflor que la tendremos limpia de tallos y rallada.

2

Removemos constantemente ya que si no en seguida nos coge color. Una vez la coliflor lista, añadimos el queso cortado en dados pequeños, y seguiremos removiendo hasta que este fundido el queso por completo.

VARIACIONES:

En vez de usar queso de tetilla que es muy común aquí en Galicia, podéis usar el queso que más os guste, el queso grana padano, para mí él es más rico para cualquier Risotto, así que hay que ir probando.

Si no encontramos aceite de coco, podemos usar AOVE, o un aceite oliva virgen extra, que no nos va a dar el mismo sabor, pero cumplirá su función.

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salmorejo-cordobes

Salmorejo Cordobés, receta tradicional

Elaboración: 1h 00 min
Cocción: 30 min
Listo en: 1 hr 30 min
HISTORIA:

Existen varias versiones del Salmorejo Cordobés, que dan al salmorejo un origen impreciso. Por un lado los que indican un remoto antecedente romano, composición de pan del día anterior, aceite y ajo, que, después, sería la “mazamorra”, término de origen árabe, hasta quien le atribuye el origen en el siglo XVII coincidiendo con la aceptación, en España, del tomate como alimento.

            Como término lingüístico, aparece por primera vez documentado en 1737, en el Diccionario de Autoridades, que lo define como una salsa con la que aderezar los conejos; corresponde esto más al llamado salmorejo canario. Pero, sin duda, la propia historia del Salmorejo está estrechamente unida a la de su elemento principal: el tomate, del que toma color y gran parte de la textura y el sabor.

Ya en 1538, Bernal Díaz del Castillo cuenta como, apresado él y sus hombres por unos indígenas en Guatemala, se los querían comer en una cazuela donde habían puesto sal, ají y tomates. Según el estudioso Carlos Azcoytia, el tomate[1] se usó por vez primera en la gastronomía mexicana, con el nombre de xictomatl o tomatl en lengua nauatl. Según Azcoytia, entró por Sevilla. Otras versiones dan su origen en los Andes peruanos, su extensión a México y su posterior llegada, en 1544, a Italia, siendo llamado Poma d’oro, manzana de oro, por el color amarillo de aquella variedad.

Si hablamos del  ajo, mucho más antiguo y conocido por sus propiedades curativas, ya por los egipcios, pasó por más vicisitudes, de su fama en cuanto alimento, baste citar un pasaje en el que Don Quijote le dice a su escudero, Sancho Panza, “No comas ajos ni cebollas porque no saquen por el olor tu villanía”.

Hemos de hablar también del aceite, que, también según Carlos Azcoytia, llegó a España de la mano de los griegos por el norte (Ampurias) y de los fenicios por el sur (Gades y Malaca), estando el origen primigenio en Anatolia (Turquía).

La Sal: Sal-morejo

Aun por indicios, parece claro que la sal fue el primer condimento utilizado por el ser humano. La sal, además de un elemento de elaboración y conservación de alimentos, ha sido protagonista en rituales de distintos pueblos: griegos, romanos, beduinos, egipcios, e incluso en pueblos actuales. Se le llegó a llamar el “oro blanco” y hasta se le dedicó la famosa calzada romana “Vía Salaría”, la más antigua y especial para el transporte de este elemento. Sin olvidar que un término tan de actualidad como el “salario” que recibimos por trabajar, proviene del pago que se hacía a los soldados romanos que vigilaban la “Vía Salaria”, a los que parte de su estipendio se les entregaba en sal.

Y del pan, el último elemento esencial del salmorejo Cordobés, se puede decir que se tienen primeras noticias dese Babilonia y Egipto. En Mesopotamia se preparaba una masa con cereales machacados. Después fueron los griegos los que fueron perfeccionándolo, ya que eran muy buenos panaderos, un gremio que fue extendiéndose por todos los países y teniendo una importancia capital hasta nuestros días. No hay que olvidar que el pan ha sido a lo largo de la historia un alimento básico para todas las clases sociales, especialmente para las más numerosas: clase media y baja.

En lo que se está de acuerdo es en que el origen de este plato fue, como sus primeros consumidores, humilde. Parece claro que una dieta a base de elementos simples y al alcance de los campesinos, fue algo que surgió como necesidad de alimentarse de modo sencillo, barato y con un objetivo de combatir el calor de las zonas donde nació y se consumía: el Sur. Por lo que se puede entender la estrecha relación del salmorejo cordobés con el llamado gazpacho andaluz. Las características del plato y sus causas son muy similares a las de otros platos de regiones españolas: el llamado gazpacho manchego o galianos, que nació como dieta de pastores y campesinos ante el frío invernal de la meseta manchega; las  migas de pastor, también de gran sencillez por sus ingredientes y modo de preparación

 

Ingredientes

  • 150 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 Kg. de tomates maduros
  • 150 gr. de pan
  • 2 dientes de ajo
  • Una pizca de sal

Preparación

1

Lavamos los tomates y cortamos en trozos pequeños, para facilitar que la batidora los triture mejor.

Pasamos el resultado por un colador para quitar restos que nos hayan quedado.

Añadimos a la mezcla el ajo pelado (podemos añadirle según lo que nos guste uno o dos, yo prefiero dos por el sabor a ajo que nos deja).

2

Los tomates deberían estar lo mas maduros posibles, y de una calidad aceptable y ser grandes (no cherry).

-Batir todo muy bien, sin que nos queden grumos ni trozos, ni pepitas.

3

El pan que usemos si es duro, de un día para otro mucho mejor que del día.

Si al añadir el aceite lo emulsionamos un poco, conseguiremos una textura mucho mas suave y cremosa (aunque no es obligatorio).

Ahora vamos añadiendo el aceite poco a poco, creando un hilo, y subiendo la batidora un poco, para que entre aire, y consigamos una emulsión, y echamos la sal.

4

Vamos añadiendo el pan, y trituramos todo muy bien, sin grumos, ni tropezones.

Y ya tendríamos preparado nuestro salmorejo cordobés, sólo nos faltaría, meterlo en la nevera y dejarlo enfriar.

Esta crema, se sirve muy fría y la forma de presentarlo sería ,como podéis ver en la foto, con trocitos de huevo duro y taquitos de jamón.

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Tortilla Española de patata (spanish omelette)

Elaboración: 15 min
Cocción: 35 min
Listo en: 50 min

Tortilla Española de patata (spanish omelette), tortilla de patata clásica de España, según que zonas hay un tipo u otro, Esta es la típica de Galicia.

Ingredientes

  • 1 kg. patatas nuevas
  • 12 huevos
  • Sal
  • Aceite de oliva

Preparación

1

Lavamos, pelamos las patatas y las cortamos en panadera (Rodajas de más o menos el mismo grosor).

Echamos sal a las patatas.

2

En una sartén ponemos abundante aceite de oliva y cuando esté caliente añadimos las patatas a fuego medio removiendo de vez en cuando para que no se nos peguen.

Lo que estamos haciendo es cocerlas en el aceite, antes de que se doren, cuando ya estén blanditas (sobre 40 min.)

3

Mientras en un bol batimos los huevos, y le agregamos las patatas y salamos al gusto.

En una sartén con un poco de aceite de oliva, incorporamos las patatas con los huevos y lo mantenemos al fuego bajo durante unos 3 o 4 minutos.

4

Le damos la vuelta a la tortilla con la ayuda de una tapadera.

No te preocupes si te parece que se te va a caer todo, si lo haces con decisión saldrá bien.

La dejamos otros 3 ó 4 minutos por el otro lado, si te gusta mas echa solo aumenta unos minutos.

La sacamos a un plato y ya tenemos nuestra tortilla lista para comer.

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Ajoblanco receta tradicional

Ajoblanco receta tradicional

El Ajoblanco receta tradicional se remonta, según se dice, como mínimo a los siglos de dominación árabe en la región. Se especula con su origen romano e incluso griego. Sobre su origen romano, podemos remontarnos a Apicio y su receta de una especie de crema incluida en su Libro Cuarto, llamada sala cattabia. Así pues, a decir de Álvaro Cunqueiro,

«Roma conoció el ajo blanco con almendras sicilianas, dorado aceite de la Campaña, y gordas, transparentes uvas de Albano.» 

Posteriormente, siguiendo la costumbre romana, en el Imperio Bizantino también se elaboraba esta preparación, que se usaba para rociar las tortugas cocidas con laurel. Era esta en una sopa con la que se obsequiaba en Constantinopla al emperador cuando éste iba a hacer reverencia a San Basilio y a San Gregorio Nacianceno. En el año 1254 los teólogos bizantinos llevaron a Lyon esta sopa, en un movimiento de acercamiento a los obispos de Roma para arreglar el cisma entre las dos iglesias, en un momento de gran presión de los Turcos sobre el Imperio Bizantino.

De todas formas, hoy la invención del ajoblanco se la disputan popularmente Málaga y Granada, y algunos estudiosos la centran en la zona de la Axarquía malagueña, siendo la localidad de Almáchar la que la reivindica con más contundencia. Allí se celebra, desde 1968, todos los años el primer sábado de septiembre la fiesta en celebración del ajoblanco.

El ajoblanco y el gazpacho

Al ajoblanco se le tiene por muchos como el precursor del actual gazpacho. Podríamos llamarlo la madre de todos los gazpachos, ya que es muy anterior a la llegada de tomates y pimientos a la península, ingredientes estos que los definen.

El ajoblanco forma parte de la familia de las sopas y cremas frías de la región, consumidas especialmente en verano. Gazpacho, salmorejo, porra fría, sopa de pepino, zoque, etc. Aunque están ligadas a la tradición, se adaptan con creatividad a cada zona y ayudan a combatir el calor mientras se degusta un poco de historia. Una preparación similar en cuanto a ingredientes sería el gazpachuelo malagueño, aunque este se consume caliente

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Ajoblanco receta tradicional

Receta de icortonPlato: Andalucia, Cremas
Raciones

4

raciones
Tiempo de preparación

30

minutos
Tiempo de cocinado

40

minutos
Calorías

300

kcal

Ingredientes

  • 220g de almendras peladas

  • 100 gramos de pan duro (sin corteza)

  • 600 ml. de agua fría

  • 4 dientes de ajo, picados en trozos

  • 200 ml. de aceite de oliva virgen extra

  • 2 cucharadas de vinagre de Jerez

Paso

  • Remojamos el pan durante 10 minutos en agua fría.
  • Pasado este tiempo apartamos y lo escurrimos para que no esté totalmente empapado.
  • Tostamos las almendras en una sartén hasta que cojan algo de color, entonces las dejamos y las dejamos que se enfríen.
  • En un vaso de la batidora ponemos el pan escurrido y las almendras restantes y batimos.
  • Añadimos un poco de agua y seguimos batiendo la mezcla en torno a un minuto hasta que esté finamente molida.
  • Vamos añadiendo lentamente el agua
  • Añadimos el ajo, el aceite y el vinagre.
  • Batimos la mezcla hasta que esté suave y sin grumos.
  • Probamos y sazonamos al gusto.
  • Dejamos que la mezcla se enfríe al menos dos horas en el frigorífico.
  • Podemos servir la sopa en boles o platos hondos, y podemos acompañar con uvas y un chorro de aceite.

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Sopa de cebolla

Sopa de cebolla

Esta Sopa de cebolla, es una tradición que puede haber tenido su origen dentro del mercado de alimentos más grande del mundo en París, conocido como Les Halles, fundado en 1135 por el rey Philippe-Auguste.

Este lugar abrió sus puertas como un simple mercado de comida al aire libre, creció rápidamente y pronto se requirió un muro para mantenerlo separado de su vecino, el cementerio de Los Santos Inocentes.

París

A principios del siglo XIX, la ciudad se vio obligada a trasladar los huesos del cementerio a las Catacumbas, dejando espacio para que el mercado se convirtiera en lo que el novelista Emile Zola llamaría “el vientre de París”.

Dentro de él, los más pobres consumían platos vendidos por los sirvientes, los cuales estaban elaborados con los restos de banquetes masivos, todo junto en una cazuela enorme revuelto con agua.

Esta Sopa de cebolla demasiado acuosa, según el autor francés Alexandre Privat d’Anglemont, le debía su color y aspecto a la adición de zanahorias, caramelo o incluso cebollas quemadas, el elemento central de las sopas de Francia.

Sopa de cebolla

Receta de icortonPlato: CremasCocina: Cremas y sopasDificultad: Baja
Raciones

4

raciones
Tiempo de preparación

30

minutos
Tiempo de cocinado

40

minutos
Calorías

300

kcal

Ingredientes

  • 3 o 4 cebolletas grandes

  • 1,5 l. de caldo de verduras o de pollo

  • rebanadas de pan

  • queso rallado

  • aceite de oliva virgen extra

  • sal y pimienta negra (opcional)

Paso

  • Rehogar las cebolletas cortadas en juliana muy fina en una cazuela con aceite de oliva durante 10 o 15 minutos hasta que tomen color, a fuego no muy alto.
  • Sazonar con sal  y si queréis un poco de pimienta negra.
  • Añadir el caldo y cocer a fuego lento 30 minutos aproximadamente y comprobamos que está bien de sal.
  • Colocar la sopa en cuencos que puedan ir al horno.
  • En cada cuenco ponemos una rebanada de pan que se empapará con la sopa enseguida.
  • Espolvorear con queso rallado abundante y gratinar en el horno hasta que el queso esté derretido y dorado.

Mientras que algunos le atribuyen la receta al rey Luis XV que, al volver de una cacería, vio su alacena sin alimentos a excepción de cebollas, mantequilla y champaña, otros afirman que Luis recibió la idea de Stanislas Leszczynski, duque de Lorena y padre de la Reina Consorte de Francia. Según esta versión, Stanislas primero probó la sopa de cebolla en una posada en la región de Champagne.

Versión

Otra versión anterior aparece en el libro de cocina de Taillevent, Viandier, del siglo XIV, que sugiere cocinar cebollas en rodajas finas en mantequilla y cubrirlas con puré chícharos o agua y verjus, un condimento conocido a lo largo de la historia de la gastronomía como agraz.

Sin embargo, los restaurantes que rodeaban Les Halles -el Poule au Pot, el Chez Baratte, el Pied de Cochon– fueron los que popularizaron esta sopa gracias a la adición de un elemento clave: el gratinée.

Al agregar una generosa porción de queso rallado y colocar  los pequeños y hondos tazones de sopa dentro de los hornos, los restaurantes crearon el clásico Gratinée des Halles (“sopa de cebolla francesa”), un plato que trascendió entre clases sociales sin ninguna excepción. La sopa se convirtió en desayuno para los trabajadores y en un curacrudas para aquellos de clase alta que salían de los cabarets de París.

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